Reseña – “En Otras Palabras”: Una dinámica y conmovedora historia de amor (mayo de 2025)
- The World Critic Project Admin
- 14 may 2025
- 9 min de lectura
Primera impresión (antes de entrar a verla): 7.0/10
Impresión actual (después de verla y analizarla): 9.0/10
El amor mueve montañas, no hay duda de ello. Pero nadie nos dice que el amor se queda, el amor lucha, el amor confía; pero, sobre todo, el amor, cuando es real, permanece, en las buenas y en las malas.
Pero ¿y si el amor no fuera suficiente? ¿Y si no nos queda más que un cascarón de lo que alguna vez fuimos, vale la pena luchar por mantenernos a flote? ¿Vale la pena seguir si solo nos queda una persona por la que vivir y ni siquiera somos nosotros mismos? ¿Acaso vale la pena?
Historias de amor tan bonitas como desgarradoras son las que surgen y salen en escena en el teatro. De la mano sencilla pero audaz del autor inglés Matthew Seager y bajo la dirección de Moira Miller, además de la puesta en escena de Nico Vázquez (director de la versión argentina de la obra), En Otras Palabras nos muestra cómo el amor comienza bonito y puede permanecer bonito, siempre que éste perdure y aun con atisbos de rendirse, siempre se siga adelante, siempre se pueda y siempre gane el amor.
Dicho eso, comencemos…
Trama: 9.5/10
La obra cuenta la historia de amor de una pareja común y corriente, integrada por Juana (Magdalena Müller) y Abel (Felipe Rojas), mostrándonos cómo fue el que se conocieron, cuán lejos han ido en su relación como pareja y cuántos obstáculos han sorteado en el camino. Tristemente, luego de un periodo de tiempo con episodios de mal humor y actitudes un poco patidifusas, llenas de dolor, ira y confusión, les llega un diagnóstico médico que, con el tiempo, irá acrecentando los síntomas y pondrá contra las cuerdas el amor y el apoyo de la pareja entre cada uno. Con el tiempo, dicho diagnóstico llegará a un punto en que la pareja tendrá que sostenerse el uno más que en el otro y la esperanza perderá todo su brillo y su forma de existir, con breves atisbos de la esperanza de lo que alguna vez fue, en el porvenir y repaso de los días futuros más cercanos…
La trama nos desafía a que (durante 2/3 de la obra) nos mantengamos felices y contentos con el desarrollo de la relación de Juana y Abel, solo para luego mantenernos más atentos que nunca y finalmente, cuestionar nuestra valoración del amor y cómo éste puede trascender en la gente que amamos, cuando decidimos estar, en vez de retirarnos del juego.
Es una obra sencillamente ingeniosa, ambientada en pleno siglo XXI, pero que nos retrata de manera cruda cómo todo lo bueno eventualmente se va, cómo todo lo que era finalmente se desvanece; pero, aunque quede un cascarón de lo que alguna vez hubo, aún habrá esperanza por un sorprendente y nuevo mañana.
Realmente, es una obra que nos llena de alegría, risas y felicidad, complicidad y diversión, pero que también, nos hace cuestionarnos hasta dónde estamos dispuestos al momento de amar; hasta dónde estamos dispuestos a seguir y, si en algún momento flaquean nuestras ganas de seguir adelante, de dónde sacamos las ganas de seguir viviendo y amando. Es una historia realmente conmovedora y llena de dinámicas emocionales que van desde la alegría más exacerbada hasta la angustia más profunda.
Una gran trama para una gran obra de teatro, la cual resulta impredecible hasta bien entrada la obra.
Elenco: 9.5/10
Esta obra destaca por la simplicidad de su elenco. No consta más que de dos personajes. Dos, nada más. En esta simplicidad, los personajes nos cuentan cómo se conocieron, cómo se relacionaron con otras personas y con incluso docentes de la salud, sin salir del escenario (pero hablándole al público como si fuera uno de ellos). Además, la historia transcurre como si nos fueran contando los días de la relación: cómo empezó, cómo se conocieron, cómo… Bueno, todo. La interacción entre el público y los dos personajes es todo lo que existe y perdura en cuanto a la presencia de los personajes. No se necesitan más y es, en esa simplicidad, el verdadero poder de esta obra.
En el papel de Juana, tenemos a la reconocida actriz, Magdalena Müller. Juana (en la obra original, Jane) es un personaje divertido, feliz y responsable; estructurada, que lleva las riendas de la relación más que su contraparte y que busca que todo esté en orden. De entre los dos, es el papel que más demanda dificultad y profundidad emocional, saber manejar los matices del personaje y cómo habla, cómo se desenvuelve y cómo finalmente vive y actúa, queriendo a su contraparte a más no poder.
La actriz, bailarina y cantante chilena pone todo en esta puesta de escena: desplante al cantar, flexibilidad al bailar y encaramarse (románticamente) en el cuerpo de su contraparte…
Sin embargo, no es tanto en el canto o en el aspecto del desafío físico en lo que destaca. Es en su cambio fugaz de vestuario, además de la versatilidad y la potencia emocional que brinda al personaje. Se puede ver un trabajo minucioso del poder emocional que trabajó y analizó Müller para interpretar a Juana. Pareciera ser que es un personaje al que le ha dado mucho cariño interpretarlo y más aún, personificarlo, pues las emociones que Müller pone en la parrilla son tan reales, tan certeras y tan profundas que uno llega a creerle y simpatizar con el personaje femenino de la obra, pudiendo empatizar con ella y emocionarse, al mismo tiempo que ella lo hace, pues su alegría y su dolor es tan profundo como ella misma.
Magdalena Müller, en su puesta en escena, hace un magnífico trabajo, digno de un Premio Óscar. Es por eso, que me complace darle un puntaje 10/10. (Si pudiera darle mayor puntaje, créanme: le daría mayor puntaje).
En el papel de Abel, tenemos al actor Felipe Rojas. Abel (en la obra original, Arthur) es un personaje desinhibido, divertido, alegre y canchero, siempre buscando una buena anécdota que contar o un buen chiste con el que zafarse del enojo y la molestia de su pareja. Es un personaje relajado, un poco exagerado, pero siempre mostrándose como un hombre enamorado, digno de enamorar a cualquier mujer (pues las respeta mucho), pero que no busca enamorar a nadie más que a su hermosa Juana, con quien comparte los mejores recuerdos de la vida en pareja – y mejor dicho, de su vida –.
Al principio de su relación con Juana, comparten el mismo poder de quién lleva la batuta en la relación, pero, gradualmente, ese poder va desplazándose e inclinándose más hacia el lado de Juana. Iniciando la obra, el papel de Abel puede parecer un tanto simple y fácil, pero, a medida que avanza la obra, podemos ver cómo el actor resalta su versatilidad actoral en cuanto al desplante en escena, conforme su personaje demanda mayor dificultad en las cosas y acciones cotidianas.
Aunque no triunfe en la emocionalidad de lo que su personaje demanda (o en la rapidez del cambio de vestuario), sí tiene un punto a favor en cuanto al desafío físico gradual que va in-crescendo, a medida que la obra avanza. La personalidad de Abel cambia en 180 grados y Rojas logra darle justicia al personaje, al mostrar que es capaz de ser versátil actoralmente hablando y de cambiar el tono de la actitud del personaje y su forma de ser, de múltiples formas.
El trabajo analítico para la adaptabilidad del personaje en esta puesta en escena, por parte de Rojas, permite darle un sello propio y leal al personaje. Su velocidad en el cambio de vestuario es opacado por la de Müller, pero es sino hasta mitad de la obra en que Felipe nos demuestra que no necesita grandes cambios para que su personaje resalte o prospere. Es más: aunque no llega al mismo nivel que el personaje de Juana (o mejor dicho, su interprete, Magdalena Müller), sí permite ver un verdadero trabajo en la caracterización del personaje. Muy bien trabajado, muy bien logrado.
Felipe Rojas, en esta obra, tiene varios aciertos y un par de obstáculos a superar. Pero este crítico confía en que no es problema del actor, sino del papel que le dieron para interpretar, donde no nos muestra una lucha emocional como el de su contraparte femenina, pero sí una más física y con una presencia que comienza alegre y relajada hasta convertirse en un triste cascarón de lo que alguna vez fue. Es por eso que, para Felipe Rojas, este crítico le otorga un puntaje de 9.0/10.
(Algo que no se mencionó: este crítico ha seguido la trayectoria actoral de ambos por muchos, muchos años. Entonces, se puede – y se da – cierta libertad al decir que Magdalena Müller la rompe en esta obra y que Felipe Rojas pudo lograr más – pero, de nuevo, no lo culpo a él: culpo al papel que le dieron y que no le permitió expresarse emocionalmente como bien pudo haberlo hecho, pues se ha visto en teleseries lograr un desplante escénico loable y bien logrado –.)
Guion: 9.0/10
Seré breve en cuanto al guion: no lo conozco en inglés y menos lo conocía en español (puesto que no se ha traducido AUN al español). Sin embargo, el guion es un golpe a las emociones más profundas del ser humano: alegría, complicidad, felicidad, dolor, ira, confusión, angustia, desgarro, decepción, desgano, desesperanza y esperanza.
Para esta adaptación al español de la obra inglesa, algo que hicieron bien fue que supieron adaptar bien los nombres. Sin embargo, raro fue que los nombres fueran más fieles al dialecto argentino que al chileno, donde nombres como “Juana” y “Abel” se escuchen más en el país trasandino que en el nuestro. Sin embargo, eso no impide que la obra lleve a cabo su cometido y nos emocione de pies a cabeza. Fueran nombres como “Raquel” o “Andrea” y “Pedro” o “Aldo” no tendrían el mismo impacto que Juana y Abel. Nombres sencillos, cortos, precisos; que, ni con la suma de letras de ambos nombres, ni siquiera suman 10 letras.
Es decir, aunque mantuvieron el guion adaptado para la puesta en escena argentina, se dieron la libertad para usar modismos e idiosincrasias propias del dialecto chileno. Un punto a favor ahí.
Escenografía: 9.0/10
La puesta en escena, bajo el mando de Nico Vázquez (director de la adaptación argentina de la misma obra) es tanto sencilla como compleja, pero logra funcionar para efecto de ambos casos.
La puesta en escena es, básicamente, el de una casa, con sala de estar, living-comedor, cocina y balcón, que lleva a las habitaciones de ambos personajes. Sin embargo, esta escenografía avanza hacia espacios en que uno no pensaría que, con dicha puesta en escena y los artículos ya dispuestos, se pueda hacer una escena en un disco-bar o en la consulta de un doctor.
Resulta realmente dinámico, versátil y arriesgado el cómo se predispone el escenario para que esto suceda, pero, finalmente, es como en las apuestas: “mientras mayor es la apuesta, mayor es el premio” y aquí, lo logran, sin dudas.
Música y canciones: 8.0/10
Lo que une la trama por sobre todo es la fascinación de ambos personajes – por uno más que por el otro – por el cantante Frank Sinatra. Claro, hay ciertos momentos en que hay música más contemporánea y más movida (como en el disco-club), pero la música que parece ser el ancla para ambos es la música de Sinatra.
Al principio, se le ve como un tipo de música sin peso, sin chispa ni intención alguna en la obra. Como que sonara y se desvaneciera con el pasar de las escenas.
Pero, luego descubrimos que es más de lo que nos hicieron ver. Es mucho más que solo un par de vinilos y ya. Tiene un gran poder emocional hacia el fin de la obra y en tiempos de mayor angustia y desconcierto, es la que – literalmente – trae consigo un anclaje de esperanza.
Iluminación: 9.0/10
La iluminación es precisa, es práctica y va directo al objetivo. No se pierde en enfocar a ambos cuando tiene que enfocar a uno. El trabajo activo de la obra, en cuanto a iluminación, permite que cada artista y papel que personifica sea explotado en la acción que realiza, en la intensidad que necesita ponerle a su personaje, según la escena lo demande.
No es solo un par de luces cálidas en escena (como reflectores) y ya; hay luces para hacer de cuentas que están dentro de discotecas, o pasando por un episodio de confusión e ira; así como, también, hablando solos o con un doctor.
La iluminación acompaña a los personajes a exacerbar sus acciones, a ponerle más dramatismo a sus textos y a profundizar, aún más, sus alegrías, dolores y emociones. Otro gran punto a favor.
Conclusión
La puesta en escena, por parte del elenco chileno, de En Otras Palabras es un vaivén de emociones. Muestra lo lindo que resultan las relaciones amorosas a través del tiempo, contra viento y marea, demostrando que el amor puede comenzar bonito, pero es en los momentos de mayor desafío donde uno no debe ceder y que, eventualmente, la esperanza, la alegría y los tiempos pasados volverán al presente, a mostrarse con gran energía y un desgarrador entusiasmo por querer vivir esa alegría y pausarla, para no volver.
En Otras Palabras es una obra que, a juicio de este crítico, llevará consigo en su corazón – así como llegará y permanecerá en el corazón de los espectadores – por mucho tiempo.
En Otras Palabras estará disponible los fines de semana de mayo (desde el 9 hasta el 24 de mayo de 2025), sin contar los domingos.
¡Apúrese y vaya a verla, que las funciones y las entradas se agotan!
Ah y, si va por primera vez o va a repetirse la obra, recuerde llevar pañuelos.
– The World Critic



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