Reseña – Lucas y el secreto del abuelo (2017)
- The World Critic Project Admin
- 21 dic 2021
- 7 min de lectura

Cuando nos formulamos la pregunta: “¿Cuáles novelas detectivescas podría leer, para entretenerme un rato leyendo?”, instantáneamente, se nos viene a la mente la saga literaria del mítico Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, sin mayor dificultad. Pero, podría resultar extraño que una obra detectivesca tan bien escrita, se cuente desde la perspectiva de un niño de catorce (casi quince) años de edad, llamado Lucas. En su diario de vida ficticio, convertido en la obra real Lucas y el secreto del abuelo (2017), Roberto Ampuero nos relata la historia de cómo un adolescente remueve cielo, mar y tierra con tal de esclarecer un hecho que su bisabuelo, muerto en 1941, le pide esclarecer a sus descendientes.
Para los conocedores y lectores consagrados, el nombre de Roberto Ampuero, tal vez, les resuene en la cabeza. En su momento, fue ministro de Relaciones Exteriores de Chile (2018-2019), junto con una buena cantidad de cargos ministeriales, entre 2012 hasta la fecha, siendo hoy embajador de Chile en España (desde 2019). Pero, en el ámbito literario, sus obras más destacadas involucran al detective Cayetano Brulé (que también aparece en esta historia, pero como un personaje de apoyo para Lucas, habiendo avanzado la historia en tiempo); obras como ¿Quién mató a Cristián Kustermann? (1993), Boleros en La Habana (1994), El alemán de Atacama (1996), Cita en el Azul Profundo (2004) y El caso Neruda (2008) son algunos de los tantos libros en que el personaje es protagonista y en buena parte, a quien Ampuero le debe su fama literaria.
En primera instancia, el relato de Lucas resulta una conversación unilateral, con un breve tono de entusiasmo, con una creciente inocencia y honestidad en las cosas que hace y nos comenta por escrito. Siendo un adolescente que escribe en su diario de vida en la época de la era digital, no hay que extrañarse que, en el primer párrafo, leamos las palabras Twitter, Facebook y más adelante, WhatsApp. Por tanto, su espacio temporal es la época actual, más cercanamente al 2016-2017 (como podremos ver al final del libro mismo). Al escribir desde la perspectiva de Lucas, podemos identificar que es un relato en primera persona, testigo y protagonista de los hechos. Este recurso permite dos cosas: en primera, la ambigüedad del tiempo, pues no es, sino, hasta el final del libro que nos damos cuenta de que, durante todo el relato, los hechos sucedieron en el tramo de un año. Y segundo, si Lucas no lo tiene por escrito, las cosas no pasaron o no importaron lo suficiente como para ser plasmadas en papel. Contando los hechos de forma lineal (o por lo menos, lo más lineal posible) y coherente, tenemos que empieza esta historia a principios del año escolar (marzo) y termina en diciembre, en el espacio físico de Valparaíso del siglo XXI. Si bien se cuenta la historia desde el punto de vista de algo que pasó (es decir, tiempo pasado), la historia se siente como que hubiera sucedido ayer, dado el lenguaje y términos que se utilizan (flaites, on-line, pendejos), tan comunes en el lenguaje del chileno promedio, en tiempos actuales.
En sus 88 capítulos, junto con innumerables nombres de personas, calles y lugares, Lucas nos cuenta cómo fue que, producto de que su padre abogado almacena y guarda baúles de sus antepasados, un día exploró uno de los baúles y encontró una carta. Dicha carta, firmada A mis descendientes, trajo consigo un aire de misterio y aventura para Lucas. En el documento, el bisabuelo del narrador pide que le apoyen en “reparar una injusticia” que, en sus tiempos, no podrían resolverse sin pasar a mayores riesgos. La historia evoluciona de la siguiente forma: desde la primera aproximación a la carta, Lucas nos cuenta cuáles son sus raíces familiares, quiénes son sus amigos (sin detenerse a describirlos tan detalladamente), quiénes son los que perjudican su vida “tranquila” en Valparaíso (principalmente, “los Cíclopes”, una banda armada de gente, especializada en la compra-venta de marihuana y múltiples actos delictivos, saliendo impunes de ellos) y cómo, mientras investiga el caso que su abuelo le ha puesto frente a “su descendiente”, surgen mayores problemas, como capear clases, que su madre venda los baúles sin saber lo que él está haciendo, uno de sus amigos es herido de muerte; entre otras cosas. La historia, finalmente, encuentra su punto álgido a la mitad del libro, justo alrededor del capítulo 44, donde, habiendo avanzado en su investigación, pero buscando la forma de pasar más tiempo con su amiga (la cual Lucas se siente atraído) y que su madre no venda los baúles, uno de sus amigos es herido gravemente, dejando a su grupo de amigos (integrado por Matías, Max, Jaime y Lucas, llamándose a sí mismos “Los Argonautas”) reflexionando sobre la fragilidad de la vida y cómo ésta se puede terminar en un segundo. Eventualmente, tras perder buena parte del año escolar y aprobarlo de milagro, Lucas logra descubrir el misterio del abuelo (que, en un momento, se vio implicado a sí mismo en un doble asesinato, incluyendo a oficiales especiales nazis involucrados y un montón de pinturas que valían un montón de dinero y problemas), a la par que, con “Los Argonautas” (menos Jaime, a quien hirieron gravemente), logran detener con evidencia a “Los Cíclopes”, llevando las pruebas ante la justicia, acabando su año de novio con Grisel, con quien se sincera y le pide disculpas por todo mal rato que le ha hecho pasar.
Durante el intrincado relato que nos brinda Lucas, también, se ejerce incontablemente el recurso de exageración (“echando carrera con un estrepito de los mil demonios”) y comparación (“fresca como una tuna”), utilizando frases actuales nacionales e internacionales (textualmente como lo dicen sus cercanos: “Vamos, chico, respeta para que te respeten”, “¿Me estás agarrando para el chuleteo?”; o como dice el propio Lucas, “Pardiez!”) y como se mencionó antes, una incontable cantidad de nombres de lugares (Limache, Valparaíso, Berlín, Santiago, Hamburgo), personas y medios de transporte, que incluso llega a dificultar la lectura.
Debido al constante uso de repetir los nombres de las calles y los nombres de las personas, el lector promedio podría perderse; por lo que, es recomendable leer el libro con lápiz y cuaderno, al lado, anotando todo cuanto sucede, para así no perderse en medio del relato. Sin embargo, este recurso es utilizado para clarificar la exactitud de las cosas tal y cómo sucedieron, dónde, de qué forma y con quién; lo cual, en cierta medida, se agradece, pero su reiterado uso, dificulta de sobremanera el relato mismo. Las descripciones espaciales son asombrosamente vagas y fugaces, imposibilitando la opción de meterse de lleno en el escenario espacial de todo cuanto sucede. Sin embargo, gradualmente, las descripciones (tanto de personas como espacios físicos) por parte de Lucas, pasan a ser más analíticas, profundas y completas, a un nivel en que llega a impresionar ese salto de análisis y pensamiento profundo personal. Algo que queda claro desde el primer momento es que Lucas aprecia mucho describir las cosas que más le gustan o le llaman la atención, pero que, después, pasa a ser algo fugaz en su pensamiento. Un ejemplo tácito de ello es Grisel, su amiga, de la cual Lucas está enamorado: describe, de forma inocente pero honesta, su color de piel, su pelo, su forma de hablar; cómo se comporta, cómo lo trata y cómo es tan misteriosa y a la vez, tan protectora de lo suyo (al ser descendiente cubana, protege mucho sus raíces afrocubanas y la cultura de su pueblo). Aunque no invierte mucho tiempo describiendo a sus amigos, sí describe a personajes que van apareciendo en la obra, ya sea por algún rasgo físico o su personalidad; incluso, en un momento, para ejemplificar mejor esto, encuentra a un bibliotecario que, sin saber su nombre, lo bautiza como Keith Richards, en honor a la coleta de pelo que tenía amarrada.
Aunque se haya dicho en su momento que la historia se cuenta en 88 capítulos, estos son realmente cortos, abarcando entre una y cinco páginas como máximo. Cada uno de estos capítulos cuenta los diferentes momentos que vive Lucas en su investigación, yendo a lugares, conociendo gente, descubre más pistas, visita lugares que no conocía y explora el pasado de sus ancestros.
Para lo que es el estilo narrativo utilizado por Ampuero, el mismo autor describe su estilo, en sus obras, como “realismo cosmopolita”, un realismo que acepta todo dentro de el propio autor, como bien puede ser utilizar su imaginación, la ficción, los sueños, la realidad… pero, lo define bajo éste termino porque “se trata de personajes que están inmersos más que nunca en el mundo globalizado”. Uno de los recursos que utiliza Ampuero, en esta obra, es jugar con nombres de personajes (Adolfo Hitler, Salvatore Adamo, Luciano Pavarotti, Joaquín Edwards), lugares (Limache, Santiago, Hamburgo, Berlín) y sucesos (Segunda Guerra Mundial, el ascenso de Hitler al poder) que sí sucedieron. Lo que resulta impresionante es la cantidad de información histórica que se pone a disposición del lector: sucesos de la Segunda Guerra Mundial, acciones tomadas por el gobierno chileno durante el siglo XIX, los actos de piratería y las edificaciones de civilizaciones precolombinas, que datan del siglo XV (incluso, se detienen a hablar de Aristóteles, filósofo del siglo V A.C.).
Esta precisión histórica permite que el autor juegue con datos que sucedieron, pero con la libertad de contarnos una historia fresca que, tal vez, no se lea, de forma verídica, en los libros de historia, pero que sí sea fascinante de leer y disfrutar.
Dentro de los temas que se hablan en el libro, Ampuero y Lucas nos proponen valores como apreciar las raíces culturales de nuestros ancestros, defender nuestro legado familiar, apreciar a nuestros cercanos, valorar la historia a nuestro alrededor y siempre actuar correctamente, leales a nuestros ideales y velar por la justicia, el amor, la amistad y la familia.
Sin lugar a duda, Lucas y el secreto del abuelo es una obra de prosa libre y lenguaje cotidiano que, si bien resultó monótona al comienzo, una vez comprometido en la lectura, se volvió más rápida y más inquietante descubrir qué más descubría nuestro protagonista.
De manera personal, lo recomiendo para todo lector esporádico o consagrado que quiera disfrutar de una obra chilena actual, con un toque del género detectivesco, escrito narrativamente, desde la perspectiva de un adolescente de 14 años, que parece que tiene todo en contra y de todas formas, siempre logra caer de pie.
Título de la obra: "Lucas y el secreto del abuelo".
Autor: Roberto Ampuero.
Año original de publicación: 2017 (1a edición: julio de 2017).
Edición: 2a edición (septiembre de 2017).
Publicado en: Santiago, Chile.
Editorial: Penguin Random House Grupo Editorial.
Año de edición utilizada: 2017.
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