Reseña - "La Mantis Religiosa" (de Alejandro Sieveking): Amor, locura y descontrol en el Teatro Mori Recoleta (mayo de 2025)
- The World Critic Project Admin
- 3 may 2025
- 10 min de lectura
Actualizado: 14 may 2025
Primera impresión (cuando se estudió [2024]): 8.0/10
Impresión actual (puesta en escena [2025]: 8.75/10
Una obra como la de Alejandro Sieveking (quien fue un prolífico autor, actor, director y dramaturgo) resulta impresionante que, desde su estreno en 1971 hasta la fecha, se pueda representar tan bien y de mil y un formas distintas. En el caso del teatro chileno actual, se rescata mucho entre la comedia y el dramatismo realista.
En este caso, la puesta en escena en el Teatro Mori de Recoleta, no se queda atrás. Con un desplante escénico lleno de energía, sutilezas y al mismo tiempo, momentos explícitos, La Mantis Religiosa sirve como desencadenante para una serie de infortunios para un joven enamorado que, inocente, cae en las redes de una de las cuatro hermanas más enigmáticas del país, además de ser víctima de los trucos de las otras hermanas, aquellas que llevan al pobre tipo hacia un triste destino, mientras se descubren, poco a poco, las atrocidades que las hermanas han cometido a través de los años.
Con una sala llena, el trabajo realizado por un elenco pequeño pero conciso, logra darle justicia y llenar de vida a la obra de Sieveking, dándole versatilidad, humor, expresividad e incluso musicalidad a un texto que podría simplemente recaer en las sutilezas de este, pero le da incluso más vida, en esta puesta en escena.
Para hablar de esta obra, es preciso hablar de cada aspecto de la obra en sí. Comencemos...
Trama: 9.0/10
De entre un grupo de hermanas, recluidas en su propia casa, una de ellas consigue hacerse con un nuevo prospecto amoroso. En él, ella (y las demás) depositarán todo instinto carnal, físico y moral para satisfacer sus propias metas. Sin embargo, dos de ellas solo buscan explorar carnalmente lo que no han logrado por años (dado que sus propios prospectos murieron en "circunstancias sospechosas") y la propia novia de este joven busca utilizarlo para así, urdir un plan que la lleve a irse lejos de la casa - y con ello, del país.
Sin embargo, la curiosidad de este joven será puesta a prueba, pues, dentro de las paredes de esta casa, alberga una de las hermanas, llamada "la Mantis Religiosa", nombre dado (de manera despectiva) por sus hermanas, que le tienen envidia y la tratan como un animal - no, un monstruo -. Esta curiosidad por conocerla podría llevar al joven a sufrir un trágico final si hiciera bien y no se acerque a conocerla, pero incluso, el padre de estas hermanas le despierta aún más su curiosidad, al hablar tan altamente de ellas y tan mal de las demás, dejando una vara altísima para que el joven la quiera conocer - muy por el contrario de lo que quieren las demás que haga él -.
Esta trama (la misma que en 1971) mantiene ciertos paralelismos entre aquella época y esta, pero mantiene la esencia más profunda de la obra, la cual llega a satirizar y jugar mucho con el humor, el dramatismo y la versatilidad teatral del elenco.
Elenco: 9.0/10
En primer lugar, tenemos a Lorena Capetillo, quien interpreta el papel de Adelina o como la conocemos en la obra, Lina. Una mujer alta y ostentosa, con gestos muy estrafalarios y gesticulaciones muy dramáticas, un habla más formal que las demás, arraigada a las viejas costumbres y, hasta cierto punto, se podría considerar la "líder" del grupo. Deslumbrando tanto en pantalla grande como en pantalla chica (en el pasado), Capetillo impresiona con este personaje teatral, apoyado por el maquillaje y una voz muy distinta a la de ella, permitiendo que Lina tenga su propia personalidad, distinta de la interprete (incluso, demostrando que puede cantar y jugar con tonos y voces muy distintas a la de ella). Con un vestido ostentoso, de postura erguida, con una personalidad tosca (aunque ceñida a las costumbres de mantenerse tanto respetuosa como coqueta) y con expresiones faciales que van desde lo cómico hasta lo histriónico, junto con un lenguaje que va desde lo coloquial hasta lo vulgar, Capetillo como Lina brilla en escena de una forma magistral, destacando así que puede arremeter con fuerza en el teatro, demostrando así su versátil personalidad teatral desde lo corpóreo hasta lo lingüístico, lo hablado. Sin duda, un gran acierto para la producción, al haber traído a la actriz a esta obra. Puntaje de Lorena Capetillo: 9.5/10.
En segundo lugar, tenemos a Aylinne Araya, actriz y cantante, quien interpreta a Llalla, la segunda hermana. Con una personalidad más coqueta que las demás y con un aire más liviano que las otras 2 hermanas, Llalla demuestra ser la hermana que es más llevada a su idea que las otras dos, donde el lenguaje romántico y la lujuria carnal se combinan en misma medida para mostrarnos una mujer que raya en el egoísmo y al mismo tiempo, la sexualidad activa (lo cual también se demuestra en su lenguaje, su forma de actuar y vestir [mostrando un vestido más provocador que el de su hermana Lina]). Es la que más expresa su dolor a través del llanto y las canciones, sin ánimo de querer eclipsar a las demás hermanas - aunque, hasta cierto punto, lo logra -. Araya, para este personaje, destaca por su expresividad emotiva y gesticulación facial, además de su interpretación tan profunda del personaje. A pesar de todo lo bueno, juega mucho con el músico, haciendo señales muy explícitas para entrar en on cue de la escena, lo cual, de cierta forma, tanto llama la atención, como distrae. Bien podría ser más sutil. Es por esto por lo que Aylinne Araya obtiene un puntaje de 8.5 sobre 10.
En tercer lugar, tenemos a Patricia López, quien interpreta a Adela, la "tercera" hermana y la novia de Juan. Su personaje está cargadísimo de expresividad facial y física, dando saltos, tirándose al suelo, jugando con lo carnal con Juan y las sutilezas que puede haber en el escenario. De entre las tres, resulta ser la más ambiciosa, tanto en sus sueños, en lo económico y en lo carnal, viendo a Juan más como un medio para un fin que como individuo del cual realmente enamorarse. López nos muestra a una Adela cómica, con fuerte personalidad y emocionalidad a disposición de la misma obra, siendo la más expresiva de entre las cuatro. Su papel raya mucho entre el humor, la sexualidad y la magnanimidad de las emociones, demostrando un talento como ningún otro. Aunque su papel demanda ser sexualmente activa y ambiciosa, el único punto en contra va en favor de la exageración de las emociones y la gesticulación física y facial del personaje, donde llega a demostrar comportamientos poco humanos e incluso, hilarantes, distrayendo (de cierta forma) a la audiencia con el humor. Si esta obra se trataba de jugar con el humor, fue un gran acierto, pero, para este crítico que estudió e interpretó varias escenas de La Mantis Religiosa, resulta difícil pensar que Adela pueda ser la más humorística de todas. Después de todo, es la que más ambición tiene y con la que más seriedad debería recaer en la obra (después vendría Lina), puesto que busca escapar de su casa y el país a como dé lugar, aun si eso significa utilizar a la gente para ello. Puntaje de Patricia López: 8.5/10.
Por otra parte, tenemos a Oliver Börner como Juan, el hombre del cual Adela dice estar profundamente "enamorada", al punto de que se miente a sí misma al afirmar que lo ama. Ella haría todo lo posible con tal de hacer feliz a Juan (y remarco "todo lo posible" porque hace explícito lo implícito al decir "todo lo posible"), incluso mentir, matar o darle (en algo) en el gusto al hombre. Juan se encuentra entre la espada y la pared al momento de que pone un pie en la casa de las hermanas. Es en ese momento, en que su destino está sellado, puesto que, mientras transcurre la obra, conoce la oscura realidad de las personalidades y las ambiciones de las cuatro hermanas (incluyendo a "la Mantis"). Börner interpreta a un Juan de manera tímida pero concisa. Juega muy bien en cuanto a la sutileza de su actuación y cuando tiene que ser explícito, no falla, dejándolo todo en la cancha. A medida que su personaje va descubriendo los platos rotos de la casa, la personalidad de las hermanas, los traumas del padre y lo que es realmente "la Mantis", más se aleja de sus ambiciones con Adela, haciendo que Börner nos permita vislumbrar a Juan como un hombre que va desde la completa normalidad, pasando por la ambición - impulsada por la lujuria - hasta despertar en la cordura de haber visto lo indecible. Börner permite darle justicia a un papel tan sutil como complejo. Puntaje de Oliver Börner: 9.0/10.
Como participación especial, está presente Fernando Kliche, quien interpreta el papel de Aparicio, el padre de las cuatro hermanas. Su presencia en escena bien puede ser fugaz (en las dos ocasiones que interviene), pero es esencial para demostrar la tensión existente entre las hermanas, el trato hacia "la Mantis", Juan y con él mismo. Todas las injusticias que cargan en la casa, en el aire de cada uno de los personajes, Aparicio lo exacerba y demuestra con su simple presencia. Violenta, angustiante, melancólica, cargada de dolor y con un aire de querer ser salvado de la maldición que yace dentro de su casa y en su interior, pero imposible de salir de ahí, debido a 3 de 4 obstáculos inamovibles en su domicilio: sus hijas. La única que le da un atisbo de esperanza es "la Mantis", a quien oye llorar y al escuchar su voz, es como si escuchara la voz de la salvación, de la esperanza, de la gloria de tiempos pasados; pero se mantiene retenido por sus otras tres hijas... Puntaje de Fernando Kliche: 9.75/10.
Por último - pero no por ello, menos importante - tenemos a Tatiana Fernández, mejor conocida como Teresa (mejor conocida como "la Mantis"). El chirrido siempre presente que mueve las inquietudes de las hermanas. El motor de la obra. Un personaje ausente tan presente cuya forma de participar son movimientos y contorsiones extrañas y violentas, además de chirridos y alaridos que resultan tenebrosos y que, conforme avanzan, nos damos cuenta de que, en realidad, significan algo más. La emotividad de su personaje comienza a dar en el clavo a partir de la segunda mitad de la obra, donde sus alaridos ya no son de dolor o de griterío tenebroso y "molesto" (como dirían sus hermanas), sino de algo más profundo: pena, dolor, angustia y soledad. Su susurrante voz contrasta con el fuerte alarido que manifiesta durante buena parte de la obra. Al igual que sus hermanas, es carnalmente salvaje, sobre todo porque ha estado recluida en un cuarto durante buena parte de su vida, una idea nacida de sus envidiosas hermanas. Fernández nos muestra a un personaje tanto tenebroso como misterioso, ambiguo y a la vez, tierno, que lo único que quiere es escapar de su cárcel, impuesto por buena parte de su familia: su cuarto. Las complicadísimas contorsiones nos demuestran una gran versatilidad física, actoralmente hablando, añadiéndole tanto una capa más de complejidad al personaje como una capa de distracción que solo sirve para preguntarnos más: "¿Quién es y por qué está TAN recluida "la Mantis"?"? Una pregunta que parece responderse por sí sola y que permite al espectador entender, en el poco tiempo que interactúa con los personajes, por qué es una presencia ausente tan importante en la puesta en escena. Puntaje de Tatiana Fernández: 9.0/10.
Guion: 10/10.
No hay mucho que decir sobre el guion. Resulta loable que mantengan el guion intacto de cómo se interpretó por primera vez en 1971. Lo único que cambiaron - más bien, añadieron - para que el pacing, el ritmo de la puesta en escena fuera más llevadero y dinámico fue que añadieron canciones. Un gran acierto, a mi parecer.
Es decir, que lo hayan mantenido tal cual está - a pesar de querer añadirle un par de cosas nuevas y más actuales al guion -, resulta un gran punto a favor, en especial con la música añadida.
Escenografía: 8.0/10
La puesta en escena fue sencilla, permitiendo que se mostrara el trabajo en los vestidos de las hermanas como una puerta, muebles en la casa y al centro del escenario, el cuarto de "la Mantis", permitiéndole ser parte del elenco, aun en la espacialidad de su propio cuarto, dispuesto con telas. Las paredes de la casa son prácticamente las telas que separan el escenario de las bambalinas y los muebles que juegan a ser varias partes de la casa (como así el comedor, la sala de estar y el cuarto de estar) permiten ese vaivén espacial de la casa. Sin embargo, es en esa misma simplicidad donde cae la puesta en escena: hasta donde tengo entendido, la habitación de "la Mantis" estaba alejada de las demás, lo suficiente como para no verse, pero no lo suficiente para no escucharse. Además, ella debería haber realizado arañazos a las paredes o golpeado su puerta. Es por esto por lo que la escenografía logra su cometido en lo simplista que puede ser ("menos es más"), pero espacialmente hablando, cayeron con la habitación de "la Mantis"; es lo único por lo que podría bajar la calidad a la puesta en escena. Puntaje: 8.0/10.
Música y canciones: 8/10
Lo que más llamó la atención fue la musicalidad presente de la puesta en escena. Imprevista, chistosa, curiosa y llena de sátira, que demuestra y pone explícitamente en jaque a las protagonistas, mostrando y clarificando sus pecados, sus personalidades y su fea relación con "la Mantis". Aunque no son del todo pegajosas, sí son hilarantes, son chistosas y llaman la atención en lo que parece ser un problema cada vez más complejo en el día a día, en el espacio familiar de las 4 hermanas y el padre. Sin embargo, parte del elenco parece perderse en los tiempos de las canciones, cantando antes del momento en que debe o saltándose parte de la canción que deben interpretar. No me parece ético dar nombres, pero es un comentario, un llamado de atención para que las personas del elenco puedan practicar los momentos en que deben entrar para cantar o el párrafo/parte de la canción que deben cantar correcta y más concretamente. Además, el cantante que tenía la obra, a un lado del escenario, les daba a las cantantes música y tiempo para comenzar a cantar, saber cuánto cantar y acogerse, resguardarse en el canto cuando la obra así lo permitiera. Lo único que baja el puntaje es el saltarse partes de la canción, entrar antes o no ser muy sutil con indicarle al músico que "comience a tocar la canción para dicho momento". Son sutilezas que, si se arreglan, podrían perfeccionar la puesta en escena hacia un mejor mañana. Puntaje: 8.0/10.
Iluminación: 8.5/10
La iluminación resulta un tanto confusa y, a ratos, juega un poco con distraer al espectador, sin saber quién tiene la batuta con respecto a quién habla y en quién deberíamos enfocarnos cuando hablan.
Sin embargo, la iluminación en cuanto a la puesta en escena (sombría, lúgubre, tenebrosa, misteriosa) llena de ansiedad y curiosidad al espectador, queriendo saber qué es lo que podría pasar más adelante.
Pero, a ratos, la iluminación resulta un poco distractora, pero, sobre todo, desenfoca (sin ánimo de hacerlo) la atención del personaje que habla, englobando a todos (o bueno, varios de) los personajes a tener protagonismo cuando, en realidad, solo debe enfocarse en uno solo.
Aun así, la luz tenue, las luces tenebrosas y misteriosas son un pilar central en la obra, ya que permite que la atmósfera se apodere de la puesta en escena.
Conclusión
Sin duda, La Mantis Religiosa ha envejecido bien, desde su estreno en 1971. Ha habido un gran repertorio de actuaciones de la misma obra a través de los años, pero ésta, sin duda, es una gran añadidura en el legado tanto del elenco como del establecimiento (Teatro Mori Recoleta). Una historia llena de ambición, desenfreno, locura y dinamismo que no se pueden perder.
La Mantis Religiosa estará disponible desde el 2 de mayo hasta el 18 de mayo de 2025. ¡Apúrese y vaya a verla, que las funciones y las entradas se agotan!
--- The World Critic



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