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Reseña – Los Protectores (2016) de Roberto Santiago

Reseña realizada en 2020

Si bien no son pocos los libros que tratan temas como el bullying, la delincuencia organizada e investigaciones policiales, muy pocos son los libros que podrían llamar tanto la atención del lector, de forma tan inocente y divertida, como este. Los Protectores (2016) es una novela juvenil que ganó el Premio El Barco de Vapor en 2016. Fue escrita por Roberto Santiago, experimentado guionista, dramaturgo, director de cine y escritor español, quien se ha desempeñado como director y guionista en varios proyectos cinematográficos y teatrales. Formado en “Imagen y Sonido” en la Universidad Complutense y “Creación literaria” en la Escuela de Letras de Madrid, se ha inclinado hacia la realización de guiones, más que hacia la dirección, aun tras su primer largometraje, Ruleta (1999). A primera vista, mucho de su trabajo posterior a Ruleta se asemeja entre sí, especialmente, en la escritura y el público objetivo (con diferencias en cómo se desenvuelven situacionalmente): individuos y/o agrupaciones de personas realizan una investigación para solucionar un problema que aqueja a una comunidad. La corriente literaria vinculada a Santiago suele ser la de las novelas de la época contemporánea, relatando historias de la “vida cotidiana”, conteniendo elementos ficcionales y/o fantásticos (por ejemplo, en Los Protectores, hay avanzados dispositivos tecnológicos y algunos de sus personajes sobreviven a situaciones de elevado riesgo físico al enfrentarse con los antagonistas), en contraste con el mundo real.

Es así que la historia de Los Protectores es planteada como un relato lineal y coherente, temática y temporalmente hablando, contado por un niño de once años, Vicente Friman. Él narra todo lo que vivió en sus días como el “chico nuevo” del barrio La Colonia (España). Por tanto, es el personaje principal y narrador participante, que cuenta lo sucedido en primera persona y en tiempo pasado.

A medida que avanza la historia, cuenta lo que le sucedió a él y su entorno, minuto a minuto, día tras día, haciendo un seguimiento diario de lo sucedido, de principio a fin. Aunque hay momentos en que nos relata de forma expedita sucesos pasados en los que no participó directamente, esto se debe a que otros personajes se los contaron (y fueron ellos participantes). A pesar de estar limitado a contar la historia como participante y no externo a lo sucedido, su narración tiene una descripción característica, sumamente fresca, que permite que el lector sienta que aquello sucedió hace poco; pero ahora, Vicente lo cuenta por escrito, antes de olvidarlo. Su distintiva narración permite visualizar rápidamente cada escenario en que suceden los hechos, dentro de La Colonia de forma rápida y práctica, logrando detallar, por ejemplo, las características del lugar (sin tomarse mucho tiempo para ello), los objetos y ambientes; además de los personajes (cómo los percibe, cuál es el impacto en su vida y la de su familia [compañeros de curso, profesores, Apaches, etc.]) y los pensamientos de Vicente (que rayan entre lo cómico, lo inocente, lo observador y lo práctico), conforme avanza la historia. Cabe mencionar el poder narrativo de Vicente, que le permite hacer que la historia avance o suceda solo si la cuenta él. De hecho, hay un lapsus temporal en que, de no ser porque dice “Durante el último mes, […] Me habían contado todo lo que pasó” (265), no se podría entender cómo avanzó la historia y cómo Vicente supo lo ocurrido, ya que no participó de la historia, en ese tiempo. Por tanto, la historia avanza gracias a que él la cuenta, ya sea desde su percepción de los hechos o porque otros le contaron.

La historia evoluciona durante 30 capítulos, abarcando temporalmente entre una semana y un mes de relato, iniciando con la llegada de Vicente al barrio en día domingo. Entre el lunes y el martes posterior, tanto los “Apaches” (una banda criminal, integrada por adolescentes violentos) como Los Protectores (un grupo policial incógnito, integrado solamente por niños, que protege a la comunidad local de los Apaches), ven a Vicente como un medio para un fin: mientras que los Apaches lo ven como una amenaza a su dominancia en el barrio (ejercida mediante bullying y actos delictivos) y quieren que deje de molestar (tras el encuentro con ellos del lunes), Los Protectores buscan capturar a los Apaches y sus miembros, pero necesitan a Vicente para lograrlo.

El nudo podríamos identificarlo, con mucha dificultad, en todo lo ocurrido durante el día miércoles: los Apaches causaron un incendio en el colegio Francisco de Quevedo (al que asiste Vicente) y él lo apagó. El martes, él fue amenazado por los Apaches y Los Protectores le pidieron que se uniera a los Apaches y actuara como “topo” para ellos con tal de disolver la banda y capturar a sus miembros (excepto Vicente). Para lograr aquel plan, Vicente accede (a regañadientes) a la propuesta de Los Protectores y se une a los Apaches, tras cumplir lo exigido por Gerónimo (jefe Apache), además de ser testigo y ganador de una dramática iniciación. Al volver a su casa, Vicente es extorsionado por el perdedor del desafío Apache (el “Flequillos”) y se reúne con Bárbara (jefa de Los Protectores), con quien observó (gracias a los dispositivos del grupo) el acuerdo de compra-venta del colegio a manos de Tao Fujian (empresario chino y dueño de Empresas de Construcción Fujian). Luego, participó en la “batalla de la plaza de la Concordia” entre Apaches y adultos, padres y profesores, hartos de la banda.

Finalmente, el desenlace sucede tanto el jueves de esa misma semana como un mes después de aquél “Caótico jueves” (apodado así por mí, dada la gran cantidad de cosas sucedidas aquel día). En resumen, en el barrio de La Colonia, nevó, la madre de Vicente se besó con el maestro “Quesadilla” (maestro de matemáticas del colegio) y realizó un catering en la fiesta del edificio de la Junta Municipal del Distrito, en celebración a la venta del colegio Francisco de Quevedo a manos de Tao Fujian, teniendo como invitados a medio pueblo; además, Vicente corrió por todo el barrio, con tal de encontrarse con Bárbara (para advertirle del plan de los Apaches), Gerónimo (para que no sospechara de él) y “el Flequillos” (quien lo extorsionó para que le diera 100 euros o le contaría a todos su secreto) para finalmente, frustrar el plan de los Apaches. Luego del “Caótico jueves”, pasó un mes en la historia y Vicente está feliz: en el “Caótico jueves”, gracias a sus acciones, muchos miembros de los Apaches, incluyendo sus líderes, fueron detenidos y “enviados a centros de menores del país, donde cumplirían condena al menos durante dos años (285-286)”. Además, se descubrió y encarceló al verdadero jefe detrás de los Apaches y sus aliados (explicando la impunidad con la que actuaba la banda), beneficiados por los actos de la banda y la venta del colegio. Tras recuperarse de sus heridas, Vicente se vuelve miembro oficial de Los Protectores, celebrando con ellos.

Cada personaje, individualmente, está sujeto a una caracterización poco profunda por parte de Vicente, dado lo corto del relato. Sin embargo, él logra destacar un par de características de cada uno que lo distingue de los demás (color de piel y pelo, ropa que usa, cómo habla, cómo se relacionan con él/ella y con los demás), remarcando su importancia en la obra, según se le permite a Vicente relacionarse más con ellos. Por su parte, Vicente es un chico acomplejado por la cambiante disposición de su madre, la mala disposición de su hermana, la misteriosa Bárbara y los feroces Apaches. Sin embargo, puede describir lugares, objetos y personas rápidamente, con cierta inocencia y humor blanco, anteponiéndose a “posibles” pensamientos que el lector pueda tener, a medida que progresa la obra. Es importante señalar que casi todo personaje de la obra, tiene directa e indirecta relación con Vicente, puesto que la mayoría de los personajes son niños de entre 10 y 14 años (compañeros de curso, Los Protectores, su hermana), adolescentes (los Apaches), profesores de su escuela (el “Quesadilla”, Sr. Bondurán, Sra. Hodson y Margarita “Dos Veces”), padres (Ana María) y transeúntes esporádicos. No obstante, solo un personaje, Tao Fujian, no interactúa de ninguna forma con Vicente, pero, aun así, es importante en la historia por el papel que desempeña, pues, es el empresario que quiere comprar el colegio al que asiste Vicente para volverlo un centro comercial, pero, en toda la obra, no entablan ningún tipo de conversación o relación alguna. Por otra parte, como regla general, todos los personajes tienen algún tipo de relación con los antagonistas, los Apaches, siendo directa e indirectamente víctimas, opositores o aliados de ellos. Por ejemplo, la madre de Vicente, Ana María, siendo una “recién llegada” al barrio, se siente personalmente molesta por la delincuencia, causada por la banda.

Dentro de los temas desarrollados en el texto, muchos de ellos se relacionan con la formación valórica juvenil y la forma en que crean relaciones en comunidad, sea de la profundidad y duración que sea.

Uno de estos temas es el bullying y la “actitud dominante”. Se aprecia, en gran medida, cada vez que Vicente se relaciona con personajes cercanos o relacionados con los Apaches, ya sea de forma directa (miembros y aliados) o indirecta (víctimas, opositores, etc.). La “actitud dominante” de parte de los personajes más molestos, violentos o físicamente fuertes e imponentes da un aire de conflicto, una sensación de amenaza e inquietud entre los personajes, causando miedo, resentimiento y angustia. Pero, es en ese conflicto, que los personajes deben mostrarse valientes y enfrentar el problema.

Por otra parte, existen temas más positivos, que dan esperanza, alegría, paz y felicidad a la obra. Aquellos temas son: la amistad, la empatía, la preocupación, la lealtad, la honestidad, la justicia, el humor blanco y el cariño. Muchos de estos temas se dan en situaciones con algunos personajes ahí presentes (los miembros de Los Protectores, profesores del colegio de Vicente) con Vicente mismo, creando un ambiente comunitario de cuidado y preocupación por el otro, ante los feroces Apaches.

Cabe mencionar que, durante buena parte del texto, el ambiente temático permanece entre el drama cotidiano, la acción del conflicto y la esporádica sátira en contra de la corrupción socio-económica. Esto último, se puede ver más con Ana María, madre de Vicente y el Sr. Bondurán.

El estilo de escritura mantiene un estilo asertivo, utilizando modalizadores para darle a la narración un toque más personal (por ejemplo, “A continuación”, “Al parecer”). En cuanto al lenguaje, se utiliza uno perteneciente a la España contemporánea, con modismos españoles (por ejemplo, “Mamaíta”, “Los estaba zurrando con el bolso.”, “[…], si no quieres que te agarre del cuello y te reviente”, “[…], te voy a quitar las plumas a tortazo limpio” y “Rompe la hucha, […]”) y el uso de palabras más rebuscadas para el público más genérico (“energúmenos”, por ejemplo).

Ciertamente, el lenguaje utilizado pertenece al género narrativo, pues va contando una historia en prosa. Hace mucho uso de comparaciones, contrastes e hipérbole (por ejemplo, “La manguera tenía más fuerza que mil tractores tirando al mismo tiempo”), remarcando la enfática descripción de cada situación, acción u objeto, con tal de describir y mencionar características de cada situación de la obra (por ejemplo, “Ella le ofreció un caldo humeante […]” y “[…] salía un humo blanquecino”).

Conforme leía Los Protectores, sentí una gran emoción que, pocas veces, un libro me ha hecho sentir, al introducirme de lleno en los eventos cómicos y problemáticos que Vicente se metía, sintiendo alivio cuando solucionaba milagrosamente sus problemas e intranquilidad cuando parecían no tener fin. Aun siendo un libro juvenil, Los Protectores tiene el potencial para ser leído como una telenovela. Contiene de todo: humor, drama, suspenso, acción, súbitos giros de trama… La obra de Santiago está bien escrita y retrata muy bien los valores a inculcar desde pequeños (lealtad, amistad, justicia y honestidad) ante un mundo perjudicado por la violencia y el bullying, con tal de defenderse (aun en la fantasía) y crear en comunidad una solución, ante aquellos que hacen bullying y el mal en el mundo. Para el lector maduro, sin embargo, es una buena forma de volver a soñar como niños, generando entretención, sorpresa y alegría, sensaciones posiblemente olvidadas. En conclusión, lo recomiendo.


--- ReViewer World Critic

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